REAL FÁBRICA DE TAPICES

La monarquía española se había abastecido históricamente de tapicerías en los centros productores flamencos, pero la Guerra de Sucesión concluyó con la pérdida por parte de la Corona española de las posesiones de los Países Bajos, y ello determinó la necesidad de crear una industria nacional para la fabricación de estos apreciados tejidos. Para ello, el monarca consiguió finalmente traer de Amberes a una familia de tejedores que, bajo la dirección del patriarca, Jacobo Vandergoten “El Viejo”, se estableció en Madrid cerca de la puerta de Santa Bárbara.

El primer enclave de la Real Fábrica de Tapices fue la llamada “Casa del Abreviador”, situada extramuros de Madrid, cerca de la Puerta de Santa Bárbara, razón por la que el edificio fue conocido por la “Casa de Santa Bárbara”.  A finales del siglo XIX, el crecimiento urbano de Madrid determina trasladar la manufactura al extrarradio de la capital. El emplazamiento elegido fue un terreno de propiedad real conocido como el “olivar y huerta de Atocha”, en el que continua hasta ahora.

El edificio de nueva planta fue encargado al académico y Arquitecto Mayor de Palacio José Segundo de Lema, quien hizo el proyecto en 1884 y dirigió su construcción hasta la terminación de las obras en 1889.

La sede histórica de la Real Fábrica de Tapices fue seleccionada dentro del Plan del Patrimonio Industrial por el Instituto de Patrimonio Histórico Español, y declarado en 2006 Bien de Interés Cultural en la categoría de monumento por la Comunidad de Madrid. Los méritos para tal reconocimiento radican no solo en el interés arquitectónico del inmueble, sino en el hecho de que éste continúa hoy en día cumpliendo las mismas funciones para las que fue creado originalmente y que deben considerarse también en sí mismas un bien de interés cultural.

José Segundo de Lema concibió el edificio con una estructura inspirada en modelos ilustrados y una expresión arquitectónica propia del Eclecticismo historicista del último cuarto del siglo XIX. La planta forma una manzana cerrada compuesta por varios pabellones, entre los que destaca en altura el destinado a recepción y residencia de los directores del establecimiento. Para la construcción se siguió el criterio de combinar el principio de economía con un lenguaje castizo que representara la tradición madrileña y española.

Equipo de diseño

Arquitecto: José Segundo de Lema