ALEJANDRO
DE LA SOTA

Arquitecto 2020

© José Hevia

BIOGRAFÍA (1913 – 1996)

“La importancia de la Arquitectura no es otra que la del ambiente que crea; un ambiente es conformador de conductas”, Alejandro de la Sota

¿Por qué es importante la arquitectura para el vivir del ser humano? ¿Cuáles son los factores, los elementos -ordenación del espacio, luz, materiales, y su manejo sutil, poético- que hacen que una arquitectura concreta ayude a ese vivir mejor? Estas dos preguntas estuvieron presentes a lo largo de toda la vida profesional del arquitecto Alejandro de la Sota (Pontevedra, 1913; Madrid, 1996), uno de los maestros de la arquitectura española del siglo xx.

Profesor en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM), su estela ha servido de referencia a varias generaciones de arquitectos españoles.

En la década de 1930 se trasladó desde su Pontevedra natal a Madrid para comenzar sus estudios en la Facultad de Matemáticas, condición necesaria para ingresar en la Escuela de Arquitectura. Tras obtener el título de arquitecto en 1941, dedicó los primeros años de su vida profesional a trabajar para del Instituto Nacional de Colonización, una etapa que culminó con la construcción del pueblo de Esquivel (Sevilla, 1952-1963) y la casa Arvesú (Madrid, 1953-1955, demolida). A partir de entonces participó en una serie de concursos que marcaron la línea que precede al Gobierno Civil de Tarragona (1957-1964), considerada por muchos su primera obra maestra. En esa época prolífica realiza varios proyectos de arquitectura moderna industrial, como la central lechera Clesa (Madrid, 1958-1961) y las naves del CENIM en la Ciudad Universitaria (Madrid, 1963-1965), y construye su obra más reconocida y admirada unánimemente, el gimnasio del colegio Maravillas (Madrid, 1960-1962), que el crítico británico William Curtis considera la obra más significativa de la arquitectura española contemporánea.

En 1960 obtiene una plaza de funcionario en la Dirección General de Correos, y a lo largo de esa década explora las posibilidades que ofrecen los nuevos materiales y desarrolla una serie de proyectos con un planteamiento constructivo basado en la utilización de paneles prefabricados de hormigón para muros y forjados, que lleva a cabo en la casa Varela en Villalba (Madrid, 1964-1968).

En 1971 abandona la enseñanza y un año más tarde regresa a su puesto de funcionario de la Dirección General de Correos. Durante estos años construye el Colegio Mayor César Carlos en la Ciudad Universitaria (Madrid, 1968-1971), el edificio para aulas y seminarios de la Universidad de Sevilla (1972-1973) y la casa Guzmán en la urbanización Santo Domingo (Madrid, 1972-1974), donde ensayaría cuestiones que abordará más tarde en la casa Domínguez en A Caeira (Pontevedra, 1973-1978). A la etapa como funcionario de Correos pertenecen el Centro de Cálculo para la Caja Postal en La Vaguada (Madrid, 1972-1977) y, años más tarde, el edificio de Correos y Telecomunicaciones en León (1981-1984), una etapa en la que estaba completamente inmerso en las técnicas de prefabricación ligera.

Alejandro de la Sota vivió en un momento en el que el país se encontraba prácticamente aislado al exterior. Sin embargo, comprendió y aceptó el reto de situar su obra en las referencias marcadas por los maestros internacionales del Movimiento Moderno. Entendió que los nuevos materiales desarrollados por la industria, la prefabricación, las nuevas posibilidades constructivas fueran utilizados a favor de una “arquitectura lógica”, como dejó escrito, y que los criterios de sus maestros eran principios posibles y necesarios.

Su vocación docente y su coherencia profesional han marcado la trayectoria de varias generaciones de arquitectos, y su obra ha sido objeto de exposiciones individuales en universidades como Harvard University, la Architectural Association de Londres, la ETH de Zúrich, Karlsruhe, Aquisgrán y Milán, entre otras. Su obra es en la actualidad objeto de estudio y se realizan tesis doctorales en las principales escuelas de Arquitectura españolas e internacionales.

Su filosofía de cómo es necesario renunciar a todos aquellos elementos innecesarios para quedarse con la esencia de la arquitectura perdura en el tiempo y gana valor a medida que pasan los años. Su obra estuvo pensada para dar solución a problemas de habitabilidad de una manera sencilla e inteligente.

“Me gustó siempre hablar de Arquitectura como divertimento; si no se hace alegremente no es Arquitectura. Esta alegría es, precisamente, la Arquitectura, la satisfacción que se siente. La emoción de la Arquitectura hace sonreír, da risa. La vida no”, Alejandro de la Sota

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